Muchas veces se piensa que podríamos utilizar agua de
lluvia para un buen número de tareas domésticas que habitualmente realizamos
con la costosa agua potable. El agua de lluvia es pura, y está libre de sales
minerales y metales pesados. No es calcárea y es mejor que la del grifo para
regar el huerto o nuestro jardín. Antes de llegar al suelo adquiere, en la
atmósfera, algunos elementos contaminantes pero no pierde en absoluto sus
cualidades intrínsecas.
Las cisternas y los pozos eran antes muy habituales,
sin embargo, la puesta en funcionamiento de las redes de agua corriente nos ha
hecho olvidar la utilidad de estos sistemas de recuperación del agua de lluvia
o el uso de las agua de las capas freáticas.
Sólo con la recuperación del agua de lluvia que cae
en los tejados, se podría llegar a recoger muchos litros por año y por metro
cuadrado, especialmente en las áreas más lluviosas, y así atender las
necesidades de agua para el jardín y las tareas de la casa que no requieren
necesariamente agua potable.
Existen numerosos sistemas que permiten la recogida
del agua de lluvia. Por ejemplo, mediante un colector de superficie. El agua de
lluvia que cae sobre el tejado es conducida por los canalones hacia un colector
instalado en el exterior, a través de un conector que une ambos conductos. Es
el sistema más sencillo de instalar. Los hay de capacidades diversas y, a
veces, tienen formas que recuerdan las de los toneles de madera que se
utilizaban antiguamente.
Otra alternativa es la utilización de una cisterna
subterránea. Este método, permite utilizar el agua de lluvia incluso cuando
hiela, almacenada en mayor cantidad. Para este tipo de instalación lo más
recomendable es seguir los consejos de un profesional, que sabrá elegir lo
mejor para que la colocación y el funcionamiento de la cisterna sea óptimo.
Existen otras alternativas como las bombas de
presión, bombas de superficie, o bombas eléctricas sumergidas.