
En general, casi siempre se considera la nieve como
un factor climático beneficioso, ya que templa los fríos intensos, aporta
humedad al suelo y evita que éste se congele en profundidad. Las nevadas en
España no suelen ser demasiado importantes, pero hay ocasiones en las que la
nieve puede suponer un cierto problema.
Una situación peligrosa se produce cuando a nevadas
intensas, que cubren el suelo, les siguen fríos también intensos, que congelen
la nieve. En estos casos, los cuellos de los árboles y arbustos tapados por la
nieve pueden congelarse, con lo que se produce el anillado de los troncos en su
parte baja y la segura muerte de la planta. En los jardines, cuando se producen
estas situaciones, conviene retirar la nieve acumulada al pie de árboles y
arbustos delicados, antes de que se congele y produzca daños; y también puede
ser una buena ayuda practicar el aporcado otoñal de los pies para proteger el
cuello del frío.
Otro problema que puede ser importante, lo constituye
la acumulación de nieve encima de las copas de los árboles y arbustos de
vegetación densa, y particularmente sobre setos y formas recortadas. La carga
mecánica adicional que supone, puede causar roturas de ramas, descuaje completo
de algunos pies, y en los setos, su deformación en la parte alta, irrecuperable
algunas veces.
El daño se agrava también si después de nevar se
mantiene el frío intenso, lo que posibilita al deshielo y alarga el tiempo que
el árbol soporta la carga de la nieve. Cuando este riesgo existe, es importante
aplicar podas especiales, haciendo las copas más diáfanas (formas lobuladas) y
los esqueletos más robustos; en el caso particular de los setos, conviene no
recortar su parte alta en forma plana, sino ‘a dos aguas' para no favorecer la
acumulación de la nieve.