El huerto medicinal o jardín aromático, es uno de los
aprovechamientos más inteligentes y antiguos del jardín. Además de ser
interesante por sus cualidades curativas y culinarias, los jardines aromáticos
bien diseñados, pueden ser lugares realmente hermosos. De tal manera, que se
convierten en un lugar intermedio entre la productividad y el deleite, o entre
lo práctico y lo ornamental. Si no tenemos jardín, nuestra terraza o patio
puede convertirse en un jardín aromático, ya que este tipo de plantas, en
general, se prestan a ser cultivadas en macetas, cajones u otros recipientes.
Cada aromática o planta medicinal, va a tener unas
características y necesidades propias, que orienta sobre el lugar más indicado
para su ubicación. Por ejemplo, debemos utilizar arbustos aromáticos como la salvia, la hierbaluisa, el mirto o el tomillo como
setos o cierres en zonas templadas. Algunas variedades como la lavanda son excelentes para adaptarse a
zonas de rocalla, donde lucirán flores en el estío. El laurel, un habitual en nuestros guisos
y platos, puede llegar a convertirse en un hermoso árbol a poco que se le
cuide, con el que proporcionar una sombra fragante en el verano.
Para el cultivo en maceteros o pequeños parterres disfrutar con el perejil, la menta, la mejorana, el estragón,
la albahaca o la melisa. A algunas de las plantas de
exterior, como el romero, no les
viene nada mal ser protegidas en invierno de las heladas.
Para lugares en sombra como los patios interiores, también hay variedades adecuadas, como la acedera, el saúco o la manzanilla,
esta última resistente a los ambientes húmedos.